lunes, 16 de junio de 2014

Laura Guevara: "Uno es pequeño, pero al mismo tiempo es grande"

Enamorada de sus proyectos, Guevara hace una apuesta por la bondad


Por Adriana Núñez Moros | @AdrianitaN

La cantante venezolana se abre un espacio en la escena musical con una vibrante propuesta que integra música, artes plásticas, teatro, danza y, sobretodo, corazón. Con un disco, un videoclip, una página web y una gira por todo el país bajo el brazo se defiende de la dureza de la realidad


Concierto por el "Día de los Muertos" (Rui Córdovez Fotografía. Nov 2013)


Quien obra con luz nunca estará en oscuridad

L
aura es luz. Las manecillas del reloj amenazan con encontrarse en el número 11 y ella viene apuradita, como relampagueando, dispuesta a cantar sus verdades a pesar de las nubes grises que se aglomeran desde hace varios meses sobre Caracas.

En el colegio Emil Friedman aprendió a tocar violín, cuatro, flauta dulce y a tenerle un profundo amor a la cultura venezolana; en la Fundación Schola Cantorum que la constancia y el trabajo rinden frutos dulces; en el Centro de Formación Teatral Ana Julia Rojas se acostumbró a ponerse en los zapatos del otro y a no ver el ridículo como algo tan nocivo. La escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) fue el escenario para que los destellos se dirigieran hacia un solo punto: el proyecto “Laura Guevara”.

Guevara canta, toca instrumentos, dibuja, pinta, baila y actúa desde que puede recordar y hoy, a los 27 años, su anhelo más grande es vivir de su música. Sus padres, la destacada académica Marta De La Vega y el ingeniero Manuel Guevara se empeñaron en mostrarle realidades que hoy florecen como chispazos de una carrera que promete iluminar la escena artística de Venezuela. Pone el foco sobre la necesidad de tomar las riendas del destino propio y dibuja su historia con trazos firmes.


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Teniendo unos papas como los que yo tengo, no podía salir normal –afirma entre risas-. Yo agradezco mucho a mis papás porque han sido tan solidarios y amorosos conmigo, me han dado tanto apoyo para yo poder cumplir mi sueño. Además, desde que yo era muy chiquita en mi casa se hablan de temas muy profundos, de Filosofía, se habla del origen de las palabras. Por ejemplo, en el colegio estábamos hablando de la leucemia y yo salía a decir: “leucos, en griego significa blanco” y todo el mundo se quedaba como: “¿qué le pasa a esta niñita?”. Mi abuela me decía “la brujita” por eso, porque salía con explicaciones a todo.

Yo tengo una sensibilidad que mi papá y mi mamá me enseñaron. En mi casa nunca hemos sido de mucho dinero, pero era una prioridad viajar todos los años, mis papás ahorraban porque consideraban que viajar era la mejor inversión y la mejor manera de ver otras cosas, de ver realidades posibles, de ver a la gente y verse reflejado en las otras personas.

Aprecio un cuadro y me quedo frente a una escultura gracias a mis papas. Yo me puedo sentar en una plaza y disfrutar de su energía gracias a mis papas. Esos son refinamientos de la sensibilidad que me han dado mis padres. Ellos me han educado para ser sensible a la gente. Les agradezco porque mi educación ha sido crítica y ubicada en lo social y lo aprecio porque eso me ha dado herramientas para conectarme con la gente, con la música. 

La dureza de vivir y la misión del artista
La vida es dura y difícil. Los papas quieren pintarte el mundo con demasiadas cosas positivas. Eso está bien, pero también tienen que decirte que todas esas cosas son para hacerte mejor, no para tener una mejor vida, no te preparan para lo duro de la vida. Algunas personas después de que crecen se vuelven unos “bichitos”, incluso después que tuvieron una educación hermosa porque no logran conciliar lo que aprendieron con lo que es la vida, terminan volteándose a ese lado para poder sobrevivir. Todas las cosas buenas que uno aprende son para aportar su grano de arena para que le mundo sea mejor. La vida es jodida. No es fácil. En la medida en que más éxito tengas la vida se hace más jodida.                               


Los momentos más difíciles que he enfrentado son varios. Mis 17 y 18 años fueron muy difíciles, se murió mi mejor amiga a mi lado en un accidente con un cable de alta tensión en el piso. Me gradué, me fui a Canadá a estudiar, regresé, mis papás se divorciaron, mi papá tenía cáncer. Esos fueron unos años rudísimos, tanto que hasta como hace unos tres años fue que pude decir: “ya estoy bien”. El 2013 fue un año de muchos cambios personales, siento que he crecido mucho. Esos procesos me hicieron sufrir pero también revelar una fortaleza personal, darme cuenta de que yo puedo con la vida, de que soy fuerte y tengo la capacidad de superar las cosas. La vida no es fácil, la vida es dura pero hay que prepararse para asumir lo bueno y lo malo.

Yo considero que el arte todo el tiempo tiene que estar haciéndonos reflexionar. Considero que la función de los artistas dentro de la sociedad es evidenciar lo que somos, lo que sentimos y que la gente se vea en eso como en un espejo. Si me preguntan cuál es mi tendencia política, es anarquista centro. Yo simplemente voy a estar siempre en contra del poder pero es porque es mi misión de artista, porque quienes están en el poder no son iguales a quienes no lo tienen; el que tiene el poder tiene el poder y ya está. Tener el poder significa estar a cargo de toda la gente, la que piense como ellos y la que no.

Yo no puedo decir lo que yo quiero. A mi me gustaría poder tocar en festivales gubernamentales, estatales. Yo quisiera salir en muchos canales, pero no me puedo quedar callada. El Estado es el regente de todo y si tú te equivocas mucho, quizás no te pasa nada pero tú sientes la censura, tú sabes que no puedes poner cualquier cosa en Twitter. Estoy clara de que yo puedo decir lo que me dé la gana ahorita porque no soy tan conocida, pero si tú hablas mucho no creo que te contraten ni de un lado, ni del otro. Es un tema muy complejo porque todos sin querer nos volvemos cómplices de esta situación; unos por trabajo, otros por la esperanza de que le den trabajo, otros por no incomodar… Si logro lo que tengo en mi cabeza, a mi me gustaría hacer algo social, cuando tenga como 60 años me gustaría acercarme a la política directamente, tengo una vocación social importante.

De trabajo, constancia y arte

Bueno, yo estudie en el Emil Friedman violín como hasta las 12 desde los 4 años. Ahí también aprendí a tocar cuatro, flauta y a leer música académica. En el Friedman había una formación musical, sobretodo académica, y tenían una vocación muy grande por aplaudir y exaltar a la música venezolana. Teníamos clases de cuatro desde bebes. Había una clase de danza tradicional, había conjuntos de música popular donde teníamos clases de mandolina y de cuatro. La formación era muy ligada a lo venezolano. Había una admiración real, no era una obligación.

Me salí de las clases de música por rebelde y mi mama me metió en la “Schola Cantorum de Caracas”; ahí aprendí y me enamore del arte coral. Agradezco esa formación porque en esa coral es muy importante no solo la voz, sino también la expresión corporal y la capacidad que tienes de contar una historia a través de tu cara y de tu cuerpo. Con la coral aprendí disciplina. Ahí lo que me estaban enseñando es que el esfuerzo tiene fruto, que el trabajo de hormiga da resultado. El venezolano a veces es arrogante, cree que ser carismático es suficiente. El trabajo es indispensable para el éxito real.

Cuando estaba en la Schola mi profesor Cristian Grases le dijo a mi mamá que me metiera en teatro porque me daba pánico cantar en público sola. Estudié en el centro de formación teatral Ana Julias Rojas, hice talleres en el Rajatabla y también en el Centro de Creación Artística TET. Yo estaba enamorada del teatro, quería ser actriz. Me encantaba pintar, quería ser pintora también. Cuando me metí en danza quería ser bailarina. Me enamoré de todas las artes. ¡Hasta tenía una banda de rock!

Me inscribí en la escuela de Artes de la UCV. Al principio no estaba muy segura de lo que estaba haciendo ahí, pero “La Central” me enamoró perdidamente. Me metí en tambor afrovenezolano, danza, ballet, danza tradicional, pintura, cerámica, fotografía. A “La Central” yo la amo

Gracias a que estuve curioseando todo ese tiempo mi proyecto invita a otras artes para hacer una propuesta más integradora.

El amor y la energía que mueve al mundo

Sí, sí, sí soy enamoradiza, pero me gustan las relaciones largas. Ahorita es de los pocos momentos en que digo que estoy soltera y es raro. Yo me enamoro y me encanta enamorarme, me encanta la entrega, me encanta ver a la otra persona, me gusta cuidar y que me cuiden, me gusta contar con alguien y que alguien cuente conmigo, me gusta el amor. Estoy soltera por decisión propia porque antes estaba como soñando mucho con el amor y ahorita no es que dejé de soñar, pero me di cuenta de que no necesito el amor de pareja para ser feliz.

Ahorita la verdad es que yo asumí mi vida, estoy como en un proceso de asumir lo que pasa, lo que tengo y lo que quiero como algo que depende enteramente de mí. De darme cuenta de que hay muchas maneras de sentir amor que no son necesariamente con una pareja. Ahorita estoy perdidamente enamorada de los proyectos que vienen. Mi trabajo es conmigo misma, mi trabajo es volverme mejor y entiendo que el amor va a venir como una consecuencia de mi propio bienestar, no como una necesidad. Estoy muy enfocada en las cosas que tengo que hacer.

Todas mis canciones son autobiográficas. No todas tratan de mí necesariamente, a veces tienen que ver con algo que yo me imagino que me pasaría, pero todas las canciones vienen por alguna cosa que me impresiona, que me afecta, que me mueve. A veces, cuando compongo siento que no soy yo la que lo hace, sino soy como un medio. Hay canciones que me salen como “rrrrrrrrra” y uno se queda como sorprendido. “El constructor”, está basada en algo real, pero no siento que la escribí yo; igual fue con “Todas las cosas”. Hay unas que han sido más pensadas y hay otras que han sido como sorpresivas.

No sé cómo llamarlo, no sé si será Dios o será una energía, pero sí yo lo he sentido. No soy como muy religiosa, de hecho, yo veo verdad en todas las religiones, pero yo me siento muy espiritual. Siento que hay una especie de malla, de red que nos conecta a todos y que hace que la energía de la vida siga moviéndose a pesar de todo. Esa energía hace que uno sea capaz de superar cosas terribles y hacer muchas cosas bonitas. Sí, he sentido algo que es más fuerte que mi individualidad y lo agradezco porque a veces lidiar con el cuerpo y el corazón es difícil. 
Concierto por el "Día de los Muertos" (Rui Córdovez
Fotografía. Nov 2013)

Uno es un punto, pero ese punto es indispensable para esa red y tiene la capacidad de influir en ella. Por eso yo creo mucho en la bondad porque considero que en la medida en que uno actúe así uno puede ir moviendo el barco hacia el otro lado. El hecho de ser consciente de los demás hace que uno tenga cuidado de lo que uno es. Yo no soy buena todo el tiempo, tengo mis cosas malas, mezquinas y pequeñas. Uno tiene lo bueno y lo malo adentro y es decisión de uno qué cosa sacar. Siempre estoy haciendo un esfuerzo personal por ser mejor. Me equivoco todos los días, varias veces al día, pero siempre estoy tratando de ser consciente de lo que hago.

En diez años me veo viviendo de la música, con varios discos, yendo de gira por varias partes del mundo, representando a Venezuela. Dándole voz a los que no tienen voz. Uno es pequeño, pero al mismo tiempo es grande 

Escucha más de Laura Guevara en su canal de Youtube

domingo, 1 de junio de 2014

Déficit de camas de hospital en Venezuela alcanza 77,5 %

Por Adriana Núñez Moros 
@AdrianitaN
Hospital Central de Maracay, Estado Aragua.
Foto: Frank Bajak, Associated Press. 2013

Cuatro camas por cada mil habitantes es la cantidad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como mínima aceptable al momento de evaluar los sistemas hospitalarios del mundo. Venezuela alcanza a cumplir solo con 22,5% del estándar establecido por el máximo organismo internacional en materia de salud.

De acuerdo con los dos últimos informes anuales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), titulados Situación de la salud en las Américas: indicadores básicos, para los años 2011 y 2012 el Sistema Público Nacional de Salud (SPNS) de Venezuela contaba con 0,9 camas hospitalarias por cada mil habitantes. Esto implica que en 2012 el país presentaba un déficit de 86 mil 949 (77,5%) de las 112 mil 192 necesarias para cubrir la demanda de la población.

En 2014 el SPNS debe tener, como mínimo, 120 mil 825 plazas para lograr atender los requerimientos mínimos en materia de salud de los treinta millones 206 mil 307 de habitantes que tiene el país, según el Instituto Nacional de Estadística; en 2012 contaba solo con 25 mil 243, tomando como referencia las cifras de la OPS.

La institución indica que para 2010 la cantidad de lechos por cada mil venezolanos era de 1,1; en 2008 y 2007 la cifra repuntó a 1,3, mientras que desde 2006 hasta 2004 la tasa de camas se ubicó en 0,9. En una década la dotación de camas se mantuvo sin mejoras puntuales superiores al 10%. Por el contrario, desde 1999 hasta 2012 el descenso en camas disponibles fue de 73% a pesar de los diversos planes de recuperación de instalaciones médicas propuestos desde el Ejecutivo nacional, el Ministerio del Poder Popular para la Salud y el Estado Mayor de Salud.

En 1999 se encontraban disponibles dos de los cuatro espacios estipulados por la OMS (46 mil 826 plazas de las 93 mil 650 mínimas necesarias para la población total de ese año). Si se comparan las plazas habilitadas en 1999 frente a las de 2012 se registra un descenso total de 68 mil 407.

Ver información detallada en la cronología "No hay cama para tanta gente"

Camas latinoamericanas

El país ocupa el último lugar de la lista de naciones del área andina analizadas por la OPS. Ecuador (1,6), Perú (1,5), Colombia (1,5) y Bolivia (1,1) se ubican por encima de Venezuela en cuanto a cantidad de camas por cada 100 mil habitantes. Al ser comparada con todos los países de Latinoamérica, la nación criolla se disputa el antepenúltimo lugar del conteo con Nicaragua, quedando por encima de Honduras (0,7) y Guatemala (0,6).

Venezuela, con sus 0,9 espacios por cada mil ciudadanos, se ubica 45% por debajo del promedio regional que alcanza dos de las cuatro camas exigidas internacionalmente.