Botaron a “Kico”
Bautista, el ruidoso periodista del comercial de la ferretería, el pana de mi
papá en los años de los pantalones “tubito” y los autobuses quemados que
llenaron de sombras a la casa que las vence.
Toda la mañana
en eso, que si lo botaron, que si porque transmitió el discurso de Capriles,
que si “¿sabías que él era marido de la de Líder en Deportes? Sí, esa, la que
dice lo de ‘por encima del promedio’ que te gusta”. Que si Carla, que si Pedro
Luis va a seguir leyendo el periódico, que si "¿dónde está Roland? ¡Qué está de
vacaciones!"
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Entre tanto tuit
se cuela un correo: “Adriana, necesito que hagas, para esta tarde, una nota
sobre las medidas que se deben tomar para prevenir el AH1N1”. Ah, dale, sí
va. Pero, ya va, que “Kico” dijo que iba
a hablar a las 11 y todavía es de mañana.
Llega la tarde y
con ella el momento de la bendita notica de la gripe. “¿El programa era de “Kico”
y no lo quiere vender? ¿Y ahora, qué van a pasar en las noches?”.
“Cúbrete la boca
al estornudar y toser”, ajá, “evita los sitios concurridos y no compartas ni
tus cubiertos, ni tu plato, ni tu vaso”. “Hay que hacer ejercicio, descansar y
comer bien para elevar las defensas”. Menos mal que mi mamá no tuvo que hacer
tanta cola, consiguió carne molida como para dos días y, además, cuatro rollos
de papel toilette.
Listo. Cuatro consejos para evitar la influenza
H1N1.
-“Epa, ¿habrá un
número al cual llamar para pedir más información?”, pregunta mi jefe.
-“Claro, vale.
Seguro en la página del ministerio”, respondo sin preocupación.
Nada, ni en el
directorio. ¡Ajá! ¡Las páginas amarillas! Cero, dos, doce, cuatro, cero, ocho y
cuatro ceros más.
Tuuuuuuuú…tuuuuuú
-“¿Aló? Buenas
tardes, quería saber si había algún número directo para reportar un caso de
AH1N1”.
-“Ay, mi amor,
no te sé decir. Mmm...¿A quién te podré llamar? ¡Ah, al piso 5!”.
-“Ah, ok, muchas
gracias”.
Tuuuuuuuú…tuuuuuú
-“¿Aló? Buenas
tardes, una preguntica, ¿habrá algún número directo para reportar un caso de
AH1N1?”.
-“No mamita,
tienes que venir al piso 7 del ministerio, al departamento de epidemiología”.
-“Pero… ¿no hay
un número?”.
-“No. Que tienes
que venir”.
-“Pero, si una
persona está enferma no puede…”
Tútútútútútú
-“¿Aló?”
¡Ay! Me faltó el
quinto consejo: “Hay que lavarse las manos con agua y jabón, frecuentemente, de
manera tan frecuente como le llegue el agua y consiga jabón de olor”.
